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Los deberes son cosa de niños

Desde el primer año de enseñanza primaria, las actitudes de los padres deben comunicar que los deberes son estrictamente responsabilidad del niño y la maestra. Los padres no deben dar la lata a los niños sobre los deberes. No deben supervisar ni verificar los deberes, excepto por invitación de los niños. (Esta política puede ser contraria a los deseos de la maestra.) Cuando los padres asumen responsabilidades en cuanto a los deberes, los niños se lo permiten, y los padres nunca más se libran de esa esclavitud. En manos del niño, los deberes pueden convertirse en un arma para castigar, chantajear y aprovecharse de los padres. Se podría evitar mucho sufrimiento, y añadir mucha alegría a la vida de la familia, silos padres mostraran menos interés en los detalles insignificantes de los trabajos del niño y en cambio comunicaran sin dejar lugar a dudas que: los deberes son tu responsabilidad. Los deberes son para ti lo que el trabajo es para nosotros.

En muchas y muy buenas escuelas no se ponen deberes a los niños más pequeños, y los alumnos parecen adquirir tanta sabiduría como aquellos que luchan con deberes a las edades de seis y siete años. El valor principal de los deberes es que proporcionar a los niños la experiencia de trabajar solos. Para que tengan este valor, sin embargo, los deberes deben ajustarse a la capacidad del niño, para que pueda trabajar independientemente con poca ayuda de otros. Las a directas pueden solo comunicar al niño que no puede hacer nada sin la participación de los padres. Las ayudas indirectas, sin embargo, pueden ser útiles. Por ejemplo, nos podríamos asegurar de que el niño tiene intimidad, un escritorio apropiado, libros de referencia y acceso a un ordenador. También podríamos ayudar al niño a decidir el momento más adecuado para hacer los deberes, de acuerdo con las estaciones. En las tardes apacibles de primavera y otoño, probablemente el niño preferirá jugar primero y luego hacer los deberes. En los días fríos de invierno, los deberes deben hacerse primero si después quieren ver la televisión.

A algunos niños les gusta estar cerca de adulto mientras trabajan. Necesitan que se le escuche cuando analizan un problema o intenta entender un pasaje de un libro. Quizá sea posible que utilicen la mesa de la cocina o del comedor. Sin embargo, no se debe hacer ningún comentario sobre formas de sentarse, pulcritud personal o trato del mobiliario.

Algunos niños trabajan mejor cuando puede morder un lápiz, rascarse la cabeza, mecer una silla o incluso escuchar música. Nuestros comentarios y restricciones aumentan la frustración e interfieren en su trabajo mental. Los niños se resisten menos cuando nuestras demandas comunican respeto y protegen la autonomía.

Los deberes del niño no deben interrumpidos con preguntas y recados que pueden esperar. Debemos permanecer en segundo plano dando consuelo y apoyo en lugar de instrucciones De vez en cuando, si el niño nos lo pide, podemos aclarar un punto o explicar una frase. Sin embargo deberíamos evitar comentarios como: «Si no ras tan atolondrado, recordarías lo que tienes hacer» y «Si escucharas al profesor, sabrías lo que tienes que hacer” y “si escucharas al profesor sabrías los deberes que tienes».

Debemos ayudar con moderación pero también con comprensión. Escuchar en lugar de lecciones. Mostrar el camino, pero esperar que el viajero llegue a su destino por su propio pie.

La escena siguiente ilustra la habilidad de una madre en impedir que un problema de deberes acabe en una acalorada discusión: Elena, de once años, se levantó de su mesa y desafió a su madre:

«No quiero hacer los deberes. Estoy demasiado cansada».

Una respuesta común habría sido: « que no quieres hacer los deberes? Nunca estás demasiado cansada para jugar. Solo te cansan los deberes. ¡Ya verás cuando traigas malas notas a casa!».

En cambio, la madre reconoció el punto de vista de su hija: «Veo que estás cansada. Has estado trabajando mucho. Vuelve a tus libros cuando estés lista».

La actitud de un padre hacia la escuela y el profesor puede influir en la actitud de un niño hacia los deberes. Si un padre habitualmente habla mal de la escuela y menosprecia a la maestra, el niño sacará las conclusiones obvias. Los padres deben reforzar la posición del profesor y apoyar sus decisiones sobre los deberes. Cuando el maestro es estricto, el padre tiene una oportunidad maravillosa para ser comprensivo:

«No está siendo un curso fácil…, ¡tanto trabajo!»

«Es duro este curso.»

«Sí que es estricta tu maestra.»

«Me han dicho que exige mucho.»

«Dicen que es especialmente dura sobre los deberes. Supongo que tendrás mucho trabajo este curso.»

Es importante evitar riñas diarias sobre los deberes, como: «Mira, Aurora, de hoy en adelante vas a trabajar la ortografia todos los días por la tarde, incluyendo sábados y domingos. Se acabó el jugar y la televisión también» o «iRoberto! Estoy harta de recordarte los deberes. Papá va a encargarse de que te centres en tu trabajo. Si no lo haces, te arrepentirás».

Las amenazas y las críticas son frecuentes por que hacen creer al padre que está haciendo algo para cambiar la situación. En realidad tales advertencias son más que inútiles. Sólo producen una atmósfera cargada, un padre irritado y un hilo enfadado.

Llegó una carta de la escuela. Iván, de catorce años, iba atrasado en sus estudios. La primera reacción de su padre fue llamar a su hijo, darle una paliza verbal y castigarlo: «Escucha, hijo, de hoy en adelante vas a hacer los deberes todos los días, incluso fines de semana y fiestas. Ni películas, ni tele, ni juegos de vídeo, ni ir a casa de tus amigos. Me voy a asegurar personalmente de que te pongas a trabajar en serio».

Este discurso se había dado muchas veces y siempre conducía a un padre furioso y un hijo desafiante. El aumento de presión solo aumentaba la resistencia de Iván. Se convirtió en experto en evasión y ocultación.

Esta vez, en lugar de recurrir a amenazas y castigos, el padre apeló al amor propio de su hijo. Le mostró la carta del profesor y dijo: «Hijo, nosotros contamos con que mejores para estar mejor informado y tener más conocimientos. El mundo necesita personas capaces. Todavía hay muchísimos problemas que necesitan soluciones. Tú podrias ayudar». A Iván las palabras y el tono de voz de su padre le gustaron tanto que dijo: «Prometo tomarme mi trabajo más en serio».

Muchos niños capaces se retrasan en sus deberes y rinden menos de lo que pueden como rebelión inconsciente contra las ambiciones de sus padres. Para crecer y madurar, necesitan alcanzar un sentido de individualidad y autonomía. Cuando los padres están demasiado pendientes emocionalmente del expediente escolar, la autonomía del niño está en peligro. Si los deberes y las buenas notas se convierten en la joya de la corona de los padres, el niño puede inconscientemente preferir traer a casa una corona de hierbajos que por lo menos sea suya. Al no alcanzar las metas de sus padres, el joven rebelde logra un sentido de independencia, por lo que la necesidad de individualidad singularidad puede empujar a un niño hacia el fracaso, a pesar de la presión y el castigo paternos. Como dijo un joven: «Me pueden quitar la televisión y la paga, pero no me pueden quitar mis suspensos».

Por supuesto que la resistencia a estudiar no es un problema sencillo que se pueda resolver siendo severo o indulgente con los niños. El exceso de presión puede aumentar la resistencia del niño, mientras que una actitud de laissez-faire puede comunicar la aceptación de la inmadurez y la irresponsabilidad. La solución no es ni fácil ni rápida. Algunos niños pueden necesitar psicoterapia para resolver su forcejeo con sus padres y para adquirir el sentimiento de satisfacción por el buen rendimiento, en lugar del bajo rendimiento.

Otros pueden necesitar una tutoría con una persona psicológicamente orientada, como un consejero escolar o un profesor sensible. Es fundamental que no sean los padres los que se encarguen de la tutoría. Nuestra meta es comunicar a los niños que son individuos, independientes de nosotros, y responsables de sus propios éxitos y fracasos. Cuando al niño se le permite experimentar el yo como un individuo con necesidades y metas autoengendradas, empieza a asumir la responsabilidad hacia su propia vida y las exigencias que presenta.

 

 

Del libro: entre padres e hijos, de Haim Ginott.

La importancia de respetar distintas percepciones

En una era de diversidad, es importante que los profesores y los padres respeten la percepción única de cada ser humano. Necesitamos abolir los juicios a los estudiantes o evaluar sus respuestas sin tomarnos el tiempo de comprender su punto de vista.

 

Mucho del currículum y algunas asunciones de los profesores, reflejan un estilo de vida de clase  media, media-alta. Por eso, muchos educadores sin intención, descorazonan a los niños cuyas percepciones son diferentes de las del estudiante medio.

 

Willie es un pequeño muchacho que procede de un asentamiento de una minoría étnica, en el que su madre vive bajo el umbral de la pobreza, viviendo de la caridad. Willie atraviesa la ciudad en un autobús para ir al colegio con una profesora, miss jeferson, que tiene una experiencia vital muy diferente. Fue educada en una casa de clase media, se ha casado con una persona de alta clase media, y se formó como profesora en una de las partes mas aventajadas del pais. Miss jefferson no tenia ni idea de la realidad de este pequeño muchacho, willie. Ella ha sido enseñada que los niños tienen que responder de determinada manera. No ha aprendido a adaptar el currículo a la realidad de los niños.

 

Actualmente esta es la forma en la que muchos profesores se forman. En lugar de tomarse el tiempo de enseñar a artistas (y enseñar es un arte), los profesores son entrenados para ser tecnicos que implementan un curriculo.Los resultados son los que siguen:

 

Miss jefferson, estaba enseñando una lección sobre el alfabeto. Pregunta: willie, ¿Qué viene después de la A?

 

Willie dice: P (muy asertivamente y confiado)

 

Ella dice: no, eso es un error. ¿Qué viene después de la A? (ella estaba de pie, sobre el en una postura que era juzgadora, amenazadora y descorazonadora. Willie probablemente pensó, bueno, he errardo la primera vez, porque preocuparse ¿Quién quiere equivocarse siempre? Asi que dijo, con la mayor confianza y asertividad: NO LO SE.

 

 

Miss jeffersib dijo: te daré otra oportunidad: ¿Qué viene después de la B?

 

Willie no se daba cuenta de que toda su carrera en primer grado dependía del siguiente momento. Se sintió esperanzado porque le daban otra oportunidad. Estaba seguro de saber la respuesta. Dijo A. miss jefferson parecia muy enfadada cuando dijo: NO ESTAS ESCUCHANDO.

 

La primera pregunta que te hice era ¿Qué viene después de la A? ahora estoy preguntando ¿Qué viene después de la B?

 

Afortunadamente la escuela estaba trabajando en la instrucción cooperativa y en aumentar el dialogo en el aula, por lo que habia en el aula un mentor, para demostrar como trabajar con las percepciones de los alumnos. A este punto, la lección estaba atrasada.

 

El profesor mentor, se puso en cuclillas, de modo que estaba al nivel de willie y le preguntó: willie, hace un minuto, tu profesora dijo ¿Qué viene después de la A? y tu dijiste P. ¿en que estabas pensando?

 

El respondió: apple

 

¿¡oh! ¿quieres decir apple, como la fruta?

 

No, apple, como apple`s bar. Está al otro lado de la calle donde vivo. Nosotros no tenemos libros y cosas de esas, pero mi abuela nos está enseñando a leer con las señales todas las noches.

 

¿Cuál es la configuración de letras mas familiar para willie? Apples bar. ¿aclara esto sus respuestas? En apples bar, ¿Qué viene después de la a? ¿y que viene después de la B? El supervisor, comprobó esto: OK willie, entonces cuando el profesor dijo ¿ue viene después de la B y tu dijiste A en que estabas pensando? Willie respondio: bar.

 

El supervisor dijo: Willie, creo que tu problema es que no le has proporcionado a la profesora un marco de referencia en el que interpretar tus respuestas a sus preguntas.

 

¿Qué es un marco de referencia?

 

El mentor respondió: básicamente, cuando piensas en el apple bar, si hubieras compartido eso con tu profesora, “en apple es la p y en bar es la A” ella habria entendido en que estabas tu pensando.

 

El mentor casi dijo “lo entiendes?”. Lo cual no es una cosa que ayude mucho a una persona joven. Cuando dices eso desde una posición de autoridad, muchas personas de cualquier edad, no tienen la fuerza y la confianza para decir: no, en absoluto. Tu tienes mas experiencia que yo, yo solo estoy tratando de imaginarlo. En lugar de eso, habitualmente mueven la cabeza de arriba abajo diciendo uh cuando realmente no han entendido.

 

El mentor, considerando esto, dijo en su lugar: Ok, para ver si has entendido lo que te he dicho, ¿Qué me responderias si yo te dijera que viene después de la w?

 

Willie pensó un minuto y dijo: en willie, la I.

 

Por tanto lo habia comprendido. El mentor se giró hacia la profesora y le dijo: Un problema que estas teniendo es no darle a willie un marco de referencia en el cual interpretar tus preguntas.

 

Ella dijo ¿un marco de referencia? El problema real estaba expuesto: la profesora no habia sido entrenada para tratar con la diversidad.

 

El mentor dijo bromenado: bien, lo que podias haber dicho es: en el contexto del alfabeto o de la rima sinsentido “abcdefg”* que no tiene nada que ver con leer o con palabras, pero es el unico contexto posible en el que yo estoy deseando considerar tu respuesta ¿Qué viene después de la L? y el podria responder MNOP y volver a su casa libre, aunque sin entender que “mnop” no es una letra.

 

 

*es una cancioncilla inglesa para aprender el alfabeto (eibisidiiefgi…….)

Traducido por Sole González

Original en ingles:http://www.positivediscipline.com/articles/percept.html

Autor: H. Steven Glenn.

Del libro: Raising Self-Reliant Children in a Self-Indulgent World

 

Lectura recomendada al respecto de este mismo tema:

http://www.crefal.edu.mx/biblioteca_digital/coleccion_crefal/rieda/a2002_123/judithk.pdf

El espíritu lúdico en la enseñanza

Este documento incluye varias ponencias de una mesa redonda de enseñantes. He seleccionado solo algunos fragmentos de la primera ponencia. Os animo a leerlas todas, no os decepcionará.

Fuente:http://www.mec.es/sgci/br/es/publicaciones/mesared.pdf

 

Por actitud global entiendo la actitud personal que el docente lleva a su clase, ya que no puede dejar de ser quien es cuando cruza el umbral del recinto donde trabaja. En mi opinión, una de las claves del llamado éxito
de un@ enseñante tiene que ver con que sea fiel a sí mism@ antes que a una metodología o un enfoque que, como sabemos, dependen de modas y de otros intereses. Por eso defiendo que la formación permanente no está
sujeta sólo a la asistencia a cursos, aunque son imprescindibles. Para mí, la riqueza que cada un@ acumule como persona, se verá reflejada en sus clases. Por eso quisiera volver a las sabias palabras y propuestas de Gianni
Rodari (1977:202) cuando habla de lo que l@s maestr@s deben hacer para desarrollar mejor su trabajo: «Por lo menos una cosa he aprendido: que cuando se tiene algo que ver con los niños y se quiere entender lo que hacen
y lo que dicen, la pedagogía no basta y la psicología no llega a ofrecer una representación total de sus manifestaciones, es necesario estudiar otras cosas, apropiarse de otros instrumentos de análisis y de medida. Hacerlo
como autodidacta no estropea a nadie. Al contrario».

[...]

Siempre hablamos de la motivación de nuestros alumnos. ¿Y si nos aplicáramos los mismos principios a nosotros mismos? Para ello nos puede servir este resumen de un artículo de Javier Marías, incluido en Español sin fronteras 3,  es ya un viejo amigo que me ha acompañado por el mundo. Me parece que es lo bastante claro para mostrar que, a pesar de la falta de motivación externa, un docente debe buscar dentro de sí las razones para
ntener el espíritu lúdico en sus clases:
Es esta una época en que los docentes gozan cada vez de menos libertad, apabullados por normas, controles y pedanterías. Y así se les permite siempre menos el uso de la imaginación. Habrá quienes se sientan felices por ello. En todo oficio hay gente rutinaria y perezosa, gente que sólo busca la seguridad y jamás la aventura; la reiteración y jamás el riesgo. Tengo para mí que ese entusiasmo y esa imaginación son especialmente necesarios en la enseñanza. No ayudan los tiempos que poco alientan y recompensan a los docentes en lo político, lo económico y social. Pero, aún así, el primer precepto de un profesor para consigo mismo ha de ser: YO ME DIVERTIRÉ.
Eso creo y esa fue mi divisa durante los pocos años en que di clases. Si algo me consta, es que si me divertía yo, los alumnos se divertían también, se intrigaban, se preguntaban, se paraban a pensar. Y creo que eso es lo fundamental: enseñar a pensar, a preguntarse, a intrigarse. Y eso sólo puede lograrse con la diversión, con la alegría del que conduce ese pensamiento, ese interés, esa intriga. Usted y otros profesores fueron magistrales en eso. Fueron imaginativos y alegres, arriesgados y sorprendidos, irónicos y, en general, risueños. Y sé por eso que un mundo en el que tras una mesa o ante una pizarra no hubiera profesores como los que vi, sería un mundo mucho más triste, menos atractivo, mucho más bobo que el que me tocó descubrir. Y, como lo que hacen los maestros y los profesores es configurar personas, confío en que, por el bien de todos, jamás falten docentes con ese lema y que sigan el ejemplo que usted nos dio: YO ME DIVERTIRÉ.
(Adaptado de El Semanal, 27 de junio de 1999 para el Cuaderno de ejercicios de ESF3, p. 75)

 [...]

José Antonio Marina y Marisa López Penas en su libro Diccionario de los sentimientos dedican un capítulo al aburrimiento y otro a la alegría. Empecemos por el primero. Recojo aquí algunas de sus ideas que pueden servirnos para esa actitud global  que debemos llevar a la clase si perseguimos la creatividad y el espíritu lúdico.
Citan a Agnes Heller (1980:53), la cual dice: «siempre que predominan la actividad y el pensamiento repetitivos, aparece, como característica social, la “sed de experiencias”»; ellos añaden: «Los seres humanos parecen volverse peligrosos cuando están aburridos» (1999:210). Todos sabemos, por haberlo experimentado, lo paralizante que es esa sensación, y depende de la fuerza de cada uno lo que seríamos capaces de hacer para salir de ella.
Si nuestra clase está aburrida ya antes de empezar, buscará esas experiencias de las que habla Heller, que pueden ir desde el clásico ratón en el cajón de la mesa del profe o la profe, hasta las crueldades que nos han mostrado las películas estadounidenses. De este libro resulta especialmente interesante el capítulo dedicado a la relación entre el aburrimiento, la pereza y la inacción.

[...]

 De los poderes “curativos” de la alegría
Santo Tomás de Aquino escribió: «El hombre no puede vivir sin algún placer». Parece que si no conseguimos que en nuestra vida entre la alegría, la satisfacción dejaremos de vivir en términos humanos. Cuando estamos alegres, sin preguntarnos de momento por qué, nos damos cuenta de que la realidad se transforma, se llena de colores, la alegría nos vuelve activos, nos da energías. Si como hacen Marina y López, vamos a la etimología de la palabra, descubrimos que en latín vulgar alacer significaba ‘algo vivo o animado’.
Por tanto, si pretendemos salir nosotros y sacar a nuestra clase de cualquiera de los aburrimientos que antes hemos citado, pongámonos como objetivo, como meta la alegría, es decir la viveza, la animación, ojo que no me estoy refiriendo a hacer el payaso para que todo el mundo se ría. Hace ya algún tiempo publiqué algo relacionado con lo que acabo de decir (1998:190-191):
Para conseguir esa alegría podemos valernos de algo que, en mi opinión, es fundamental: el espíritu lúdico.
El espíritu lúdico es una actitud general que debe estar presente e impregnar las actividades de la clase, ya que sirve para crear un clima de complicidad, en el que el error es un elemento más que no coarta y por ello el alumno se siente desinhibido para expresarse y para dar rienda suelta a su capacidad creativa, sin perder de vista que puede hacerse más consciente de la regla que está practicando o del vocabulario que necesita para expresarse.
(…) Aunque todos estamos de acuerdo en que los juegos o lo lúdico son útiles por las razones arriba indicadas, lo cierto es que en las clases se usan para distender el ambiente, para rellenar huecos o para remotivar a los
alumnos sobrecargados de información. No se les concede demasiada atención por considerar que, en el fondo, son una pérdida de tiempo.
Sin embargo, yo quiero defender la utilidad de lo lúdico, no sólo como algo concreto, sino como una forma de aprender, como una forma de estar en la clase. Es un espíritu que debe acompañarnos a lo largo de la tarea diaria,
porque, como ya he apuntado, cuando se juega, los errores o “fracasos” parecen menos graves, uno se siente menos “culpable”, porque jugando se puede ganar o perder.

[...]

Además, debemos:
* luchar contra costumbres adquiridas;
* no temer perder el control;
* despertar los sentidos;
*volver a aprender a jugar;
* renovar nuestros horizontes;
* variar nuestras fuentes de información;
*tomar notas de lo que se nos ocurre;
*admitir que no hay nada evidente y hacernos constantemente preguntas.
¿Creen que necesitamos más argumentos para incluir el espíritu lúdico en clase?

Conflicto y negociación

Del libro “Atención Plena”, escrito por la psicologa Isabel S. Larraburu y editado por “temas de hoy”.

 

Capítulo 6: Conflicto

De un tiempo a esta parte los españoles nos hemos dado cuenta de que somos ciudadanos con derechos y han ido proliferando por doquier las amenazas de querellas, denuncias, demandas judiciales y otros procedimientos jurídicos que antes ni teníamos el honor de conocer. Quizá esto se haya visto propiciado por la influencia de los programas televisivos de temática cardiaca donde abundan simultáneamente abucheos y descréditos mutuos. Pero lo que más sorprende es que el descubrimiento o surgimiento de la conciencia de derechos de los ciudadanos no ha venido acompasada con el reconocimiento de sus deberes cívicos; de ahí que ante tal desequilibrio nos mostremos como ciudadanos litigantes, con desmerecimientos infinitos y la continua amenaza en la boca. Como anécdota, cuentan de un encuentro en el bosque entre un caballo y un perro ladrador. Ante el instinto ladrador del perro hacia el caballo, el jinete, sorprendido, amenazó a voz en grito a su dueño con ponerle una denuncia y «que se le iba a caer el pelo».

Da la impresión de que se está produciendo una potenciación del talan te quisquilloso típico de nuestra raza gracias a una tardía conciencia de derechos, consecuencia de tanto atropello dictatorial. Lo cierto es que nuestras emociones pasionales no nos inducen de un modo natural y espontáneo al consenso y la negociación.

No obstante, el hábito de negociar nos ahorraría conductas violentas e incívicas. Nuestra sociedad se beneficiaría enormemente si adoptara comportamientos que en otras latitudes son mucho más cotidianos.

La historia de la negociación se ha nutrido durante siglos de encendidos desacuerdos sobre fronteras, tratados de paz y de comercio, contratos colectivos utilizando ultimátums, insultos, amenazas, manipulaciones y blindaje férreo de las posiciones encontradas. En el año 1970, el Proyecto de Negociación de Harvard desarrolló un procedimiento de mediación que fue utilizado en las negociaciones de paz de Camp David para el Medio Orien te en 1978. En 1981, Roger Fisher y William Ury, reconocidos como prestigiosos negociadores-mediadores en todo el mundo, publicaron su libro Obtenga el sí. El arte de negociar sin ceder, referente principal de las negociaciones llamadas win-win (ganar-ganar). En él afirman que la manera previa de regatear posturas no era productiva y era innecesariamente hostil. La mejor opción era desvincular a los oponentes del problema a resolver, focalizar en los intereses comunes en lugar de las posturas encontradas con el fin de generar opciones que beneficiaran a ambas partes.

 

Negociar en la vida diaria

 

Hay expertos que afirman que habría que pensar en la negociación como « una interacción entre uno o más puntos de vista». Así, hasta es posible negociar con uno mismo. Una negociación de principios es una estrategia que cambia la defensa de posturas polarizadas por la idea de lograr los intereses, intentando que la relación entre los oponentes no se deteriore. Negociar bien implica que ninguna de las partes engañe, haga trampa, manipule o se aproveche de la otra. Cada vez que surge un desacuerdo en el ámbito familiar, laboral o social, las relaciones corren el riesgo de deteriorarse si no se hace algo al respecto. Hay distintas maneras de resolver los inevitables conflictos. Una de ellas es callarse y hundirse de morros en la rabia pasiva, otra, el modo agresivo y hostil que no tiene en cuenta la supervivencia de la relación y, por último, la negociación efectiva en la que todos obtienen algo positivo para sus intereses. Existen tres maneras de negociar:

•La competitiva. El problema es planteado con escasez de recursos, con pocas salidas. Por eso debe haber un ganador y un perdedor (ganar-perder). Si uno siente que tiene que ser el ganador, utilizará todo su poder sin miramientos para que así sea. La táctica puede incluir manipulación, esconder la verdad, no admitir errores y enviar mensajes agresivos verbales y no verbales. El riesgo de este enfoque es que no suele llevar a la mejor solución y se obtiene un triunfo a corto plazo con un precio bastante alto.

• La complaciente. En este caso una de las partes o ambas no sabe defender sus derechos, no es asertiva (capacidad para manifestar lo que se piensa y siente sin ofender a los demás, buscando siempre el respeto de los derechos propios y de los otros). No se afrontan los problemas de la relación con la falsa idea de mantener la paz por miedo a la perturbación psicológica que esto supone. Las dos partes salen defraudadas. Esto conduce a evitar los temas conflictivos o a que uno de los dos ceda todo el tiempo.

• La colaboradora. En este caso prevalece el respeto mutuo. Se trabaja como equipo tanto para evitar conflictos innecesarios como para llegar a acuerdos mutuamente satisfactorios en conflictos reales. Ninguno desea imponer sus deseos al otro. Se persigue el ganar-ganar. Yo gano y tú ganas también. Con esto se maximizan las ganancias y se minimizan los costes para cada uno y para la relación.

 

Principios básicos para una buena negociación

 

La negociación es una habilidad de comunicación muy importante entre las destrezas básicas de una pareja, familia, entorno laboral y cualquier convivencia. La armonía de cualquier asociación depende sobre todo de la capacidad de resolver conflictos, incluso más que de la personalidad de sus componentes. Para eso se han propuesto unas reglas básicas a tener en cuenta al prepararse correctamente para una negociación.

• Aceptar que el conflicto es inevitable. Esto no significa que una relación esté en peligro.

• No insultar, no amenazar, no etiquetar; no humillar, no culpabilizar; no dar golpes bajos, no traer al presente antiguas disputas.

• Ser empático. Ponerse en el lugar del otro para poder entender sus intereses.

• Escuchar activamente. Resumir, preguntar para entender correcta mente el punto de vista del otro.

• La negociación implica a dos o más personas que tienen intereses importantes, legítimos, pero opuestos. No todas las diferencias requieren negociación. Valores básicos, integridad, espiritualidad, sentimientos, actitudes y confianza no pueden ser negociados. Habría que intentar separar intereses y preocupaciones de lo que son los valores, la integridad y los sentimientos. Lo único realmente negociable son las conductas y las decisiones.

• Desvincular en lo posible las emociones del problema.

• Focalizar en los intereses, no en las posiciones. Ver los conflictos como intereses que hay que explorar y estudiar y no posiciones rígidas que se deben defender. Esto es un tema clave en las buenas negociaciones.

• Recordar siempre el objetivo: buscar opciones mutuamente satisfactorias. La idea es encontrar un compromiso justo que beneficie a ambas partes, no llevar al oponente al propio terreno.

• Ser flexible. Suele haber siempre diversas soluciones que pueden ser provechosas. No fijarse en nociones preconcebidas con un solo resultado aceptable.

• Ser persistente. A menudo la solución final comprende varios períodos de ensayo y mejoras. No desanimarse ni llegar a conclusiones antes de tiempo.

 

Pasos a seguir en la solución de un conflicto

 

Primer paso: afrontar el conflicto. El conflicto forma parte del proceso de fortalecimiento de una relación siempre que se gestione bien. Hay personas que se asustan del conflicto porque no saben negociar. Aprendiendo a negociar se pierde el temor. En el caso de la pareja, las negociaciones pueden parecer más arriesgadas por la intensidad de apertura emocional que conlleva. Además, las negociaciones en la pareja pueden tener consecuencias importantes que alteran el modo de vida, como decidir dónde vivir, por ejemplo. Aceptar el riesgo de afrontar el conflicto en pareja impide que este forme un sedimento que pueda conducir a la larga a la destrucción de la pareja. Una vez se ha decidido plantearlo abiertamente, se recomienda lo siguiente:

• Mantener la calma. No portarse de una manera innecesariamente hostil si se desea ser tenido en cuenta.

• Elegir bien el momento.

• Ser asertivo, es decir, ni inhibido ni agresivo.

• Invitar al otro a trabajar conjuntamente.

 

Segundo paso: entender la postura del otro. Pactar un tiempo «sin interrupción» para plantear la postura de cada uno; el otro podrá pedir aclaraciones. En este paso se puede descubrir si solamente se trata de un malentendido, indica que hay un compromiso para gestionar el conflicto de un modo colaborador, se demuestra el respeto por el otro, se reduce la agresividad al poder explicarse cada uno y se piensa más racionalmente. En este punto se recomiendan estas tácticas:

• Hablar en primera persona, no en segunda, culpando al otro.

• Expresar sentimientos y deseos de forma clara, pero con tacto. De forma asertiva.

• No salirse del tema de discusión. No tocar temas del pasado.

• Escuchar atentamente, dando muestras al otro de que se ha entendido.

• Si ha habido algún malentendido, hacerlo saber.

 

Tercer paso: definir el problema. En el paso anterior cada una de las partes tiene su propia definición del problema. En este punto la tarea es in tentar llegar a una definición mutuamente aceptable. Estas son las habilidades requeridas para definir problemas:

• Evitar tácticas injustas como: adjudicar motivaciones negativas al otro, atacar puntos vulnerables, machacar de modo despiadado, monologar y dominar la conversación, utilizar amenazas, enviar mensajes corporales o verbales agresivos, usar opiniones de terceras personas para afirmar la propia idea, llanto para causar culpabilidad, encerrarse, o fingir colaborar mientras se frustra cualquier definición aceptable del problema.

• Identificar áreas de común acuerdo. Hacerlas explícitas.

• Plantear el problema de un modo simple y claro. En este punto, este es el único objetivo.

 

Cuarto paso: buscar y evaluar soluciones alternativas.

• Generar soluciones es un proceso creativo y debe deslindarse de la evaluación. Es decir, solo se deberían encontrar ideas en modo «tempestad de ideas». El requisito aquí es descartar la crítica y la valoración. Lo que importa es la cantidad de ideas más que la calidad.

• Evaluar las soluciones. Siempre sobre la base de lo que es mejor para ambas partes.

• Hacer pactos y compromisos realistas. Hacer concesiones y apreciar las concesiones del otro.

 

Quinto paso: llegar a acuerdos, implementarlos y probar la mejor solución. Si fuera necesario, volver a negociar.

• Plantear los acuerdos clara y concretamente. Cómo, dónde y cuándo. Por escrito. Situarlos en lugar visible.

*Antes que romper el acuerdo, renegociar. Romper el acuerdo provoca pérdida de confianza. Además la otra parte se puede sentir libre de su compromiso. A la larga, se daña la relación.

*Modificar y cambiar los acuerdos siempre que sea necesario. Pero siempre con el acuerdo de ambas partes.

 

La negociación tendrá éxito si ambas partes:

*Reconocen el valor de una relación y comparten el deseo de mantenerla.

*Participan activamente en el proceso.

*Aprecian y aceptan las perspectivas, valores, creencias y objetivos uno del otro.

*Deslindan la personalidad del punto a tratar.

*Trabajan en conjunto para desarrollar una solución aceptable para ambos.

 

Siete mandamientos para un buen resultado:

*Comunicar de modo claro.

*Respetar al otro.

*Reconocer y definir claramente el problema.

*Buscar soluciones en diversas fuentes.

*Colaborar para una solución mutua.

*Ser confiable.

*Preservar la relación.

Educación lenta

Conversación virtual entre Joan Domènech y Carl Honoré

Preguntas de Joan Domènech a Carl Honoré
J.D. En los movimientos de la lentitud (slow food, slow cities, etc) hay un planteamiento común que yo analizo como el de intentar devolver el tiempo a las personas. Este planteamiento tiene unas connotaciones claramente educativas. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
C.H. Sin duda. Aprender es una cuestión de ritmo y timing. Los niños necesitan encontrar retos académicos adecuados a su estadio de desarrollo y que se les dé el tiempo suficiente para procesar lo que están aprendiendo. Esto implica que el poder sobre el tiempo se transfiere del maestro y el currículum al niño, o que se pone su necesidad de tiempo en el centro de la educación.
También es importante recordar que cada niño o niña es diferente, lo cual significa que cada niño desarrolla y aprende a una velocidad distinta. Dentro de lo posible, necesitamos adecuar nuestro sistema educativo para que se ajuste al tempo giusto de cada niño.

 

J.D. Las familias, hoy en día, parecen prisioneras de la prisa. Por una parte quieren dar lo mejor a sus hijos e hijas, y por otra no pueden estar con ellos en calma. En muchos casos la imposibilidad es real: madres solas trabajadoras, familias con trabajos precarios…y eso significa estrés para llegar a todo ¿Hasta qué punto la educación lenta es posible en casa?
C.H. Hay, claramente, muchas presiones sobre las familias. De hecho, la educación lenta empieza en casa. Mucho antes de que los niños vayan a la escuela, los padres pueden dar forma al uso de su tiempo, mostrarles el valor del silencio y de la reflexión, enseñarles el arte de la paciencia. Pero ante todo, los padres y las madres deberían dejar de vivir acelerados. Es duro, pero no imposible. Siempre hay maneras de reducir el frenesí y llevar la calma a casa.

 

J.D. Las presiones sobre la escuela para que aumenten los contenidos del currículum, se avancen los objetivos en el tiempo –por ejemplo el aprender a leer-, los niños y niñas estén absolutamente ocupados… están muy generalizadas. ¿Intuyes algún tipo de relación entre estos fenómenos y el llamado “fracaso escolar”?
C.H. El “fracaso escolar” tiene muchas otras causas, más allá de la actual gestión de las escuelas, incluyendo las crisis familiares, la pobreza, la sustitución de las interacciones personales por la tecnología, etc. Pero ciertamente, podemos darle una parte de la culpa a nuestra obsesión con la educación precoz, con el énfasis en la presión por saturar de aprendizajes académicos cada vez más temprano y más rápido. Esta manera de hacer es contraria al aprendizaje. Es por ésta razón que las culturas que se basaban en el aprendizaje precoz en Asia, ahora están modificando este modelo de alta presión, reduciendo las horas de clase, los deberes y el énfasis en los exámenes. Es por ésta
razón que las escuelas de toda Inglaterra están boicoteando el SAT (test estándar de conocimientos adquiridos), porque los maestros consideran que presionan demasiado a los niños y distorsionan la educación. Y es por ésta razón que Finlandia, donde los niños empiezan la escuela a los siete años y hacen menos exámenes, deberes y horas de clase, se ha convertido en el país favorito de la educación internacional.

 

J.D. El sistema educativo intenta ser equitativo y compensar las desigualdades de origen existentes entre la población que llega a la escuela. Adaptar la escuela a los ritmos de aprendizaje de cada niño o niña parece ser un buen objetivo que está relacionado con los planteamientos de la educación lenta. ¿Conoces experiencias que hayan desarrollado estos objetivos y hayan obtenido resultados en esta dirección?
C.H. Hasta cierto punto, creo que los buenos maestros, sea cual sea el sistema con el que enseñen, intentan respetar el ritmo de cada alumno. Cualquiera que haya estado en una clase sabe que este es precisamente el modo natural de enseñar. Por ésta razón, en la escuela primaria publica de Londres a la que van mis hijos, los maestros agrupan a los niños de diferentes formas en función de los aprendizajes y hacen lo posible por dar a cada niño el tiempo que necesita. El problema es que el sistema muchas veces no da suficiente tiempo o suficiente libertad para llevar este modelo tan lejos como sea necesario.
Hace poco visité la escuela Steiner de South Devon, un centro waldorf al sureste de Inglaterra, y me impresionó su insistencia en adaptarse al ritmo de aprendizaje de cada niño. Creo que el modelo de escuelas de Reggio Emilia, en Italia, es otro ejemplo brillante de cómo dar curso a la curiosidad y a la capacidad de aprender de los niños, a través del respeto a sus ritmos.

 

J.D. La educación lenta es más una “educación del tiempo justo” que una educación que no plantea exigencias, o que se limita a “dejar pasar el tiempo” sin ningún tipo de planificación. ¿Crees sin embargo que el término educación lenta debe seguir planteándose?
C.H. Esto es una cuestión que afecta a todo el movimiento Slow, el movimiento Lento. En nuestra cultura, la palabra lento es una palabra sucia, es sinónimo de perezoso, aburrido, ineficiente, no moderno. Pero la buena noticia es que el movimiento Slow está consiguiendo romper con este tabú. La gente entiende cada vez más que Lento o Lenta tiene un significado más amplio y más profundo que lento, que representa toda una filosofía de vida.
Seguro que sería más exacto hablar de educación del tiempo justo, pero no sería muy atractivo como eslogan. La belleza de la palabra lento, lenta es que es expresiva, ingeniosa, contracultural y provocativa; fuerza a la gente a pararse, pensar y quizá replantearse sus prejuicios.

 

J.D. Creo que la educación tiene un papel clave en la construcción de nuevas maneras de vivir, sentir y organizar el tiempo entre las nuevas generaciones.
¿Hasta qué punto crees que esto es posible? ¿O piensas que hay otros factores mucho más decisivos?

C.H. Estoy de acuerdo con que la educación tiene un rol clave, en esto. Es más fácil formar mentalidades, destruir prejuicios y abrir mentes cuando tratas con niños y niñas. Se hace más difícil cambiar las actitudes de la gente cuando son mayores porque estas actitudes se endurecen con el tiempo.
Dicho esto, hay también otros factores. Si tenemos que crear nuevas formas de vivir, sentir y organizar el tiempo, también debemos revolucionar nuestros sistemas políticos y económicos.

 

Preguntas de Carl Honoré a Joan Domènech
C.H. El término Slow Education, Educación Lenta, se ha hecho global. Joan, ¿piensas que algunas culturas tienen más inclinación natural a aceptar ésta nueva manera de pensar sobre la educación?
J.D. Seguramente. Hay culturas que, por los contextos en los que se desarrollan, pueden tener un planteamiento más lento de entrada. El problema es que, en un mundo globalizado, todo queda contaminado y, en nuestro caso, la velocidad, las prisas, los objetivos del “cuanto antes mejor” llegan a cualquier lugar del planeta. Las culturas que habían construido otra forma de entender el tiempo o que conservaban valores como los que queremos recuperar, se han visto inmersos en una corriente favorable a la velocidad, a la rapidez. Yo creo que, en estas culturas, la velocidad se ha identificado con el progreso y, por lo tanto, han pensado que, o aceleran, o pierden el tren del progreso y la mejora educativa.
La globalización tiene esta parte negativa, pero también la parte positiva de extender por todo el planeta la idea que hay que desacelerar nuestras vidas y, naturalmente, la educación si, en este caso, queremos conseguir una educación más en correspondencia con el desarrollo de una sociedad más justa, más inclusiva, más equitativa.
La educación lenta y el retorno a la verdadera calidad de los aprendizajes y de la educación son dos aspectos íntimamente unidos.

 

C.H. La comunidad empresarial siempre se queja que los alumnos no están suficientemente bien formados hoy en día. ¿Qué crees que la educación lenta tiene para ofrecer al mundo de la empresa? ¿Y cómo podemos argumentar mejor la educación lenta a los empresarios?
J.D. Yo mantengo que los planteamientos de la educación lenta, más respetuosos con los ritmos de aprendizaje de los niños y jóvenes han de traer grandes beneficios tanto a todo aquél alumnado que ha visto castigada su lentitud, su ritmo de aprendizaje más lento y diferente, como a todos alumnos que por sus capacidades – entre ellas las de adaptación a una educación claramente memorística y descontextualizada – tienen éxito en la actualidad. Creo profundamente que un planteamiento más respetuoso con los procesos educativos de todos los niños y niñas, que insiste en hacer aprendizajes que
sean realmente comprendidos, ha de mejorar la formación de todos los ciudadanos sin ningún tipo de excepción.
Estamos acostumbrados a pensar que la formación sólo depende de los aprendizajes académicos que los jóvenes hacen. Hoy, tenemos la constatación de que esta afirmación está muy lejos de la realidad. Una formación de calidad comporta unos aprendizajes académicos y otros relacionales y emocionales, igualmente importantes.
Es tan importante saber muchas cosas, como saberlas aplicar, como saberlas trabajar y desarrollar cooperativamente. Es tan importante tener muchos aprendizajes asumidos como ser una persona capaz de orientarse y relacionarse en un mundo complejo y que cambia de forma muy rápida.
Pero no podemos olvidar que una buena educación no nos trae una integración simple en la sociedad. En este sentido, si la educación lenta ha de comportar una mejor educación, también significa que los niños y jóvenes que puedan disfrutar de ésta educación mejor, también se convertirán en ciudadanos más conocedores de la sociedad y también más críticos hacia las formas actuales de explotación y beneficios de la empresa. Sobre todo de los empresarios que no buscan el desarrollo social y económico del país, que también los hay, sino de los que tienen como objetivo el máximo beneficio en el mínimo tiempo – otro fenómeno de ésta sociedad acelerada.

 

C.H. Los críticos a veces dicen que la educación lenta sólo funciona con niños de familias estables de clase media. ¿Crees que es verdad? ¿Cómo podría adaptarse la educación lenta a niños y niñas con distintos orígenes sociales?
J.D. De la respuesta anterior se pueden desprender elementos para ésta. La educación lenta, en tanto que intenta dar el tiempo necesario para que todos los aprendizajes puedan hacerse en el tiempo justo, da la oportunidad a todos los excluídos porque su ritmo no es el adecuado. A menudo, estos ritmos más lentos se relacionan con procesos sociales y familiares de más carencias a nivel cultural o socioeconómico. La riqueza de un entorno educativo que puede dar una familia de clase media, con acceso constante a manifestaciones y productos culturales, posibilidades constantes de viajes, círculos sociales y familiares muy ricos…contrasta con otros ambientes y entornos con muchas carencias, a menudo estructurales. Es en estos entornos donde la respuesta desde la educación lenta debe dar sus frutos, intentando superar estos hándicaps culturales, en base a procesos que estén mucho más cerca de las necesidades educativas concretas de la población escolar.

 

Nuevas preguntas de Joan Domènech a Carl Honoré
J.D. Los movimientos Slow son, en cierta medida, movimientos contraculturales. Sin embargo, sus vinculaciones directamente políticas no son relevantes. Creo que son, en su mayoría, movimientos plurales e interclasistas. Pero hay razones para pensar que los planteamientos Slow tienen también un sentido profundamente político, democrático. Veo una relación directa con planteamientos como los del decrecimiento o los movimientos ecologistas, incluso con planteamientos políticos
como los que realiza el grupo Ecología y Europa. ¿Hasta qué punto piensas que el movimiento Slow es una alternativa no solamente individual, sino también con un profundo carácter social, económico y, por lo tanto, político y alternativo?

C.H. El movimiento Slow no es una nueva tendencia de moda de las que hablan los suplementos dominicales. Va mucho más allá que esto. En esencia, es una revolución cultural con el poder de redimensionar todo aquello que hacemos. Crear un mundo lento implica reescribir las reglas de todo, desde la política y la democracia hasta la economía o la manera en que llevamos nuestras relaciones personales y construimos las comunidades. Una vez empiezas a ralentizar una parte de tu vida, abres el espacio a una reflexión más profunda y eso comporta cambios mucho más poderosos.
El movimiento Slow comparte con otros movimientos como el ambientalismo, el decrecimiento y otros, el objetivo de reinventar completamente nuestra sociedad y cultura.

J.D. Para acabar ¿cuáles piensas que son las principales dificultades o escollos con los que nos encontramos en el día a día, que dificultan estos planteamientos que hacemos? Es evidente que la educación lenta debe ir acompañada de una vida lenta pero ¿cómo podemos ser más consecuentes y no sentir que realizamos sólo experiencias aisladas? ¿Como podemos, en la práctica, fortalecer esta corriente de opinión y hacer frente a los que piensan que nada se puede hacer para cambiar este ritmo vertiginoso?
C.H. Hay muchas presiones (expectativas en el lugar de trabajo, la cultura del consumidor, etc.) para continuar yendo rápido. Creo que la velocidad también es una forma de negación, una manera de evitar preguntas grandes y difíciles. Pero quizás el obstáculo más grande para ralentizar es el tabú cultural en contra de la lentitud. Lento es una palabra sucia en nuestra cultura. Y eso hace que desacelerar sea difícil para la gente, incluso cuando quiere hacerlo.
El primer paso para provocar una revolución lenta es destruir este tabú. Hemos de mostrar de muchas maneras que ralentizar sería bueno para todos nosotros. Podemos escribir blogs, libros, artículos; dar conferencias y conceder entrevistas; enseñar ésta lección a nuestros niños desde pequeños. O, simplemente, mostrar a los otros que ir más lentos nos ha dado una vida rica y feliz.
Este cambio ya está pasando. La filosofía lenta ha ganado una gran credibilidad en los años recientes. A medida que gane aceptación cultural, será más fácil para la gente desafiar el status quo y poner los frenos. Yo sigo siendo optimista, porque el anhelo de la lentitud está ahora increíblemente extendido y es poderoso. Parece que ralentizar no es algo tan malo para la gente, o que la gente no pueda desear.

Fuente:http://educacionlenta.blogspot.com/

Hijos en libertad

Carmen Naranjo (EFE)

Autor: AP
¿Deja usted que su hijo vaya solo al colegio? La respuesta debe ser no en siete de cada diez casos, según los resultados de un estudio presentado recientemente en Madrid, cuyas conclusiones llevan a preguntarse si la sobreprotección de los padres hacia los niños les beneficia o les perjudica.

Lenore Skenazy lo tiene claro. Fundadora del movimiento “Free-Range kids” (Hijos en libertad), ha criticado esta semana en España que a los niños no se les permita “salir al mundo” por miedo. “Hay que enseñar a los hijos a salir al mundo y, cuando saben, soltarles, dejarlos libres, como hicieron nuestros padres con nosotros”, aconsejaba Skenazy en un foro sobre la seguridad vial y los niños organizado por la iniciativa social de Audi, Attitudes.

Claro que esta mujer está considerada “la peor madre de América” tras decidir hace un año y medio dejar que su hijo Izzy, de 9, fuera solo al colegio en metro en Nueva York.

El “experimento” provocó una dura polémica entre defensores y detractores, lo que llevó a Skenazy a crear un movimiento para recuperar la libertad de la que disfrutaban los niños hace décadas para moverse por sus ciudades. “Cuando era niña, la mayoría de los niños iban solos al colegio. En una sola generación hemos perdido la libertad para los niños”, explica la madre de Izzy, que recuerda que en su país solo el 10 por ciento de los escolares no son acompañados a clase, porcentaje que en España se sitúa en el 30 por ciento.

¿Quién tiene la culpa?

Lenore culpa en parte de esta situación a los medios de comunicación -ella misma es periodista- por reflejar 24 horas al día las “peores noticias del mundo”, a las que acompañan teleseries que escenifican secuestros y asesinatos de niños que iban solos por la calle, programas que consiguen aterrorizar a los padres.

También dirige sus críticas a la industria de artículos de seguridad para los más pequeños que llegan a hacer creer a los padres, desde el momento del embarazo, que “tu niño va a morir si no compras lo suficiente, si no haces lo suficiente”.

Para ilustrar esta situación, muestra a los asistentes a su conferencia unas pequeñas rodilleras ideadas para los bebés que empiezan a gatear ya que ahora parece que esta práctica -ironiza- “es tan peligrosa como jugar al rugby”. “Podemos ponerles rodilleras para gatear, quedarnos dos semanas con ellos cuando van a la Universidad, recriminar a los profesores que les pongan un notable en lugar de un sobresaliente, pero eso no les da la autoestima”, defiende esta madre.

A Lenore llegan testimonios de niños “ahogados” por la sobreprotección de sus progenitores, como el caso de un chico de 15 años al que sus padres no le dejaban llegar al final de su propio jardín por temor a que fuera secuestrado y cuyo ocio se limitaba a comer y a ver la televisión. Este caso contrasta con el del propio hijo de Lenore, Izzy, que ahora tiene 11 años y que ha acompañado a España a su madre, que le ha permitido pasear solo por Barcelona y Madrid, ciudades que, dice, no se diferencian mucho de Nueva York en tráfico y gente.

El 70% de los escolares no va solo al colegio

Un estudio presentado en las jornadas de Attitudes pone de manifiesto que el 70 por ciento de los niños españoles nunca van solos al colegio y apoya la teoría de Skenazy sobre la dependencia de los menores respecto de los padres, lo que entorpece el aprendizaje de la autonomía vial y de su desarrollo psicomotor y psicosocial.

Los niños de entre 8 y 12 años tienen una capacidad teórica para moverse solos por su localidad, pero, en la práctica, los padres no favorecen esta capacidad de autonomía. La edad media en la que los niños comienzan a ir solos al colegio en España es a los 9,4 años y no lo hacen antes por cuestiones de seguridad, por la tranquilidad de los padres y por la distancia.

El tamaño de la ciudad es determinante en los hábitos de los niños y mientras que en municipios pequeños es común que jueguen en la calle, vayan en bici o a casa de sus abuelos, en las grandes ciudades predominan las actividades extraescolares cerca del domicilio. No obstante, un 69 por ciento de los niños se siente seguro cuando camina por su pueblo o ciudad. El 31 por ciento restante cree que el lugar donde vive es muy o bastante inseguro desde el punto de vista de la seguridad vial y argumenta que los principales motivos son el tráfico y que no se respeten las normas de circulación.

La mayoría de los menores considera que los conductores en general no respetan las normas. Y demuestran un gran conocimiento sobre diferentes aspectos de la seguridad vial: casi la totalidad sabe que hay que cruzar con el semáforo en verde y por los pasos de peatones, que se debe llevar cinturón de seguridad y sillas elevadoras y que quien conduce no debe beber alcohol. Pero los padres creen que sus hijos conocen menos recomendaciones que las que realmente saben.

Hace ya 15 años surgió en Italia el proyecto “La ciudad de los niños” en el que se subrayaba que la imposibilidad de satisfacer las necesidades primarias de los niños, como por ejemplo la experiencia de jugar con sus amigos sin ser controlados por los adultos, tiene un precio muy alto. Ante ello, se apostaba por un cambio real de las ciudades, de sus características estructurales, que permitieran que el espacio para caminar o montar en bicicleta fuera prioritario y no supeditado al dedicado al tráfico motorizado.

Otra iniciativa en esa línea es el “International Walk to School Month”, cuyo objetivo es que los niños, padres y maestros conozcan los beneficios de ir al colegio caminando, cómo hacerlo con seguridad, identificar las rutas seguras a la escuela y reducir la congestión del tráfico y la velocidad cerca de las escuelas. Dar prioridad a los espacios para caminar o ir en bicicleta, reducir la velocidad, integrar las rutas escolares en zonas de seguridad y un uso responsable del vehículo privado y un transporte público que mejore la calidad de la movilidad son algunas de las propuestas de estos expertos para permitir, como pide “la peor madre de América”, que haya más niños en la calle.

http://www.hoymujer.com/ser-madre/problemas-resueltos/padre,Hazlo,hijos,99720,11,2009.html

 

En el foro hemos discutido este tema en varios hilos.

http://www.entrecomadres.org/phpBB2/viewtopic.php?t=8803

http://www.entrecomadres.org/phpBB2/viewtopic.php?t=8946&highlight=pueblo

Entre tu pediatra y tu. Carlos González

ENTRE TU PEDIATRA Y TU: TODO LO QUE NECESITAS SABER PARA CRIAR A TU HIJO

de GONZALEZ, CARLOS

 La esperada nueva obra de Carlos González después de 4 años.
Entre tu pediatra y tú es la mejor ayuda que una madre puede tener para disfrutar con seguridad de la crianza de sus hijos. Si las teorías de Carlos González se pudieran resumir en una frase, esta sería: «Tranquila, tu hijo y tú sabréis cómo lo tenéis que hacer». Esa es la constante que subyace en cada una de las más de doscientas cartas que componen este libro y que han sido seleccionadas entre las miles que el pediatra ha respondido durante catorce años en la revista Ser padres. Este libro de consulta, estructurado en temáticas muy concretas (lactancia, alimentación, cuidados…) contará con índices que lo harán muy manejable y práctico.
En este libro, Carlos González se ocupa de lactancia, cuidados y alimentación, pero también arroja luz sobre problemas relacionados con la educación, las relaciones materno y paterno filiales o la salud en general.
fuente: http://www.culturopolis.com/libro-entre-tu-pediatra-y-tu-todo-lo-que-necesitas-saber-para-criar-a-tu-hijo/1623396/2900001356392

 

El fin de la lactancia debe ser cuando madre e hijo quieran, según experto
Carlos González saca hoy a la venta ‘Entre tu pediatra y tú’ (temas’de hoy), una recopilación de preguntas y respuestas sobre los temas que más preocupan a los padres
Europa Press
,MADRID | hace 7 minutos | Comenta | Votar
positivonegativo+ 3 – 0 | Imprimir.La leche materna está compuesta por diversos componentes nutricionales que ayudan al buen desarrollo del bebé, por este motivo, en los últimos años, expertos como el pediatra Carlos González, defienden que “el fin de la lactancia debe ser cuando madre e hijo quieran”, siempre teniendo en cuenta que, “por mucho que el niño quiera, si la madre ya no puede, habitualmente gana el adulto”.

Esta cuestión es una de las dudas más comunes entre las madres que apuestan por la lactancia materna, aunque no es la única como se puede observar en el libro ‘Entre tu pediatra y tú’, que hoy sale a la venta, y que expone una recopilación de preguntas y respuestas publicadas desde 1996 en la revista ‘Ser Padres’ sobre las preocupaciones cotidianas de los padres. Así, su objetivo es resolver o aclarar las dudas que cada día asaltan sobre la salud, el crecimiento, la alimentación –sobre todo la lactancia– y el desarrollo de los hijos.

“Normalmente lo que se publica es un resumen muy resumido, cuando en realidad muchas preguntas ocupan varias páginas y las respuestas también. Pensábamos que era interesante para muchas madres, y digo madres porque el 99 por ciento lo son, ver cómo otras madres explican sus mismos problemas y darse cuenta de que a veces lo que parece un gran problema es una cosa bastante común y que hacen muchísimos niños”, explica este experto en una entrevista a Europa Press.

González aclara todas las preocupaciones con rigor, claridad y con un toque de humor ya que “puede ayudar a la gente a desdramatizar la situación”, además de asegurar que “es increíble ver que facilidad la gente se espanta y piensa que son problemas que van a durar toda la vida”. Por este motivo, y con el objetivo de dar una visión simple del problema, se pone en la piel del niño y pide a los padres que hagan lo mismo.

“No es que yo este diciendo que es sencillo y que tengo la solución, sino que es sencillo porque como no tiene solución no hay que darle más vueltas. Si el niño no come no digo lo que se tiene que hacer, si no duerme no digo lo que tiene que hacer para que duerma, yo lo que digo es que si el niño no come, si su peso está normal y el niño está sano, es que no tiene que comer más. El niño no duerme, pues al niño no le pasa nada, es lo normal, es comprensible, es un problema para los padres que tampoco pueden dormir, pero si quieren que duerma el objetivo no es que duerma el niño sino los padres”, indicó.

Durante gran parte del libro se puede observar la importancia que el autor da a la lactancia que, en su opinión, “es una parte importante de la vida de los niños y de la vida de las madres”. En este sentido, reconoce que puede ser criticado por su afán de promover este habito, pero cree que “las madres que desean dar el biberón no necesitan más ayuda de la que ya están consiguiendo; no hablo del biberón porque no hay nadie que quiera dar el biberón y no lo consiga”.

Por este motivo, dar el pecho esta dentro del resto de sus libros ya publicados: ‘Bésame Mucho: cómo criar a tus hijos con amor’, ‘Mi niño no me come’, ‘Un regalo para toda la vida’, y ‘Comer, amar y mamar’ fundamentalmente porque “se trata de que aquellas madres que desean dar el pecho tengan toda la ayuda necesaria para conseguirlo, de modo que puedan disfrutar de la experiencia y sin dolor”.

“Ni la lactancia es sólo alimentación, ni la madre es sólo lactancia. El niño necesita muchas cosas de la madre, no solamente que le den de comer, y en el hecho de darle de mamar le está dando muchas cosas además de darle leche”, asegura.

“LOS PADRES DEBEN TOMAR LAS DECISIONES”

Otro de los temas tratados con más frecuencias es el sueño del bebé y del niño. En este caso, se muestra contrario a poner en práctica el método desarrollado por el doctor Eduard Estivill, que se basa en una serie de tiempo en los que se debe dejar al niño llorar. Al respecto, confirma su eficacia pero lamenta que los padres lo pongan en práctica. “Lo que más molesta es que se haya presentado a los padres que si no lo haces, el niño va a tener problema de sueño, cuando eso no es cierto. El niño no va a atener problema de sueño”, explica.

A su juicio, cuando se publicó este método creó dudas en aquellos padres, que hasta el momento dormían con el niño en la misma habitación. “Me preocupo hace años, cuando salió y se le dio tanta difusión que me encontraba a padres que no deseaban poner al niño en otra habitación, que estaban contentos durmiendo con su hijo en la cama, pero que al leer ese libro empezaban a preocuparse, sin darse cuenta de que al niño no le iba a pasar nada estando con ellos”, recuerda.

No obstante, afirma que su intención en ningún caso es decir cómo deben de dormir los niños, sino explicar a los padres porque los niños hacen los que hacen, dejando claro que no se trata de bebes malcriados, caprichosos, etc. “Eso son mitos, el niño tiene una conducta normal de ser humano y de muchos otros animales, están diseñados para no separarse para nada de sus cuidadores, sobre todo de su madre, y cuando se separan de su madre les entra angustia y no paran de llorar hasta que vuelve”, advierte.

Asimismo, se niega a pensar que los niños fingen y coaccionan a los padres. En su opinión, “cuando un niño te dice que quiere brazos y quiere brazos; se siente mal y se pone a llorar, no es que este fingiendo, es que quiere llorar; los adultos si que somos capaces del chantaje emocional, es decir de fingir emociones para conseguir un resultado”.

La educación en general preocupa a los padres con hijos de todas las edades, en este sentido el fundador y presidente de la Asociación catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM), deja claro que “los padres deben tomar las decisiones”, por este motivo tres son multitud y los padres no deben dejarse influir por opiniones externas.

“El niño puede pedir una cosa y está en nosotros decidir si se le puede dar o no, no pasa nada, lo que no es bueno es que los padres tengan presiones no autorizadas, el niño tiene derecho a pedir lo que le conviene, los padres por su parte tiene derecho a pedir lo que les conviene a ellos, cuando entre dos personas hay un conflicto se negocia y se llega más o menos a un arreglo”, indica.

“Cada cual tiene que buscar la estrategia que les vaya mejor, entonces lo importante es que los padres se den cuenta de que son ellos los que tienen derecho a decidir lo que les va mejor. Lo triste es que meta baza un tercero que no tiene nada que ver”, concluye.
 fuente:http://www.adn.es/lavida/20100204/NWS-2524-lactancia-experto-quieran-madre-hijo.html

¡Llamaré a tu madre!

COMO ESTABLECER LOS LIMITES CON LOS PROFESORES DE LOS HIJOS

AUTORA JANE BLUESTEIN

¡Llamaré a tu madre! Estableciendo los limites con los profesores de sus hijos.

Autora Jane Bluestein

 

¿Alguna vez ha recibido una llamada del profesor de sus hijos que le ha sumido en la preocupación? ¿Se ha sentido tentado a rescatar a su hijo de las consecuencias que el mismo crea? ¿Trata usted de controlar las elecciones que hace? ¿Alguna vez se ha planteado si se está implicando demasiado?

 

La escuela de su hijo es lo segundo después de la familia en su influencia en la vida de su hijo. Aunque solo sea en virtud de la cantidad de tiempo que pasan allí. Obviamente, una experiencia exitosa en la escuela es más probable para los niños cuando las relaciones entre la escuela y el hogar son positivas, cooperativas y de soporte. Por tanto el que los padres estén involucrados es crucial.

 

Además la escuela provee excelentes oportunidades para que los niños crezcan y se desarrollen fuera de su influencia directa. Entonces ¿Cómo se puede hacer un balance entre la necesidad de involucrarse en la vida escolar de sus hijos, y la necesidad de permitir que sus hijos desarrollen la independencia y responsabilidad en sus relaciones fuera de la familia?

 

La primera vez que me encontré con estos asuntos como educador fue hace algunos años, cuando estaba enseñando. Yo tenía un problema con un alumno de una de mis clases. Billy rara vez participaba en los debates o completaba su trabajo sentado que yo le había asignado. Cuando todos mis ruegos, protestas, amenazas y castigos no lograron ponerle a trabajar, tiré de las grandes armas: “¡llamaré a tu madre!”.

 

Le expuse el problema a Miss Warwick, y ella me agradeció la llamada. Le dije que ninguno de mis métodos estaba funcionando, y le pedí ayuda. Miss Warwick se interesó por el mal comportamiento de Billy, y comprendió mi frustración, pero insistió en que Billy debía aprender a tener en cuenta sus responsabilidades en la escuela. Sugirió que era necesario por tanto que Billy y yo trabajáramos juntos en ello. “El es SU alumno”, dijo. Y educadamente puso punto final a la conversación.

 

Si me hubieran preguntado en aquel momento, seguramente habría explicado que mi propósito al contactar Miss Warwick como algo en la línea de “establecer un puente en la distancia entre el hogar y el colegio” o “para alertar a la madre de una posible preocupación”. Así que se puede hacer cuenta de la indignación que sentí ante la respuesta de Miss Warwick? Después de todo, es responsabilidad de los padres hacer que Billy rinda y se comporte en el colegio ¿cierto? ….¡¡¡¡FALSO!!!

 

Parte de la educación de un chico es enfrentarse a las consecuencias de su comportamiento. Mientras un padre puede ser responsable de mantener y establecer los límites en casa, cuando el comportamiento ocurre en la escuela, es la escuela la responsable de establecer sus propias consecuencias. La verdad: yo traté de hacer que miss Warwick asumiera la responsabilidad por mi problema. Mi disgusto vino por su negativa a hacerlo.

 

Seguro que yo había tenido otros padres, que en situaciones similares me aseguraban “que no sucedería nunca mas” Y en aquel tiempo yo estaba aliviado porque ellos estaban deseando arreglar mi problema, y castigar a sus hijos por algo que ellos nunca han presenciado. No me daba cuenta de que estaba basándome en el hecho de que muchos padres reaccionarían a causa de su propia vergüenza o sensación de culpa, volcándola sobre el niño pro “hacerme quedar mal”. De algún modo, todo parecía estar dentro de los límites de mi papel como educador, y de mis percepciones de su papel como padres de mis estudiantes.

 

Encuentro un incremento de los profesores que se comunican con los padres cuando las cosas van geniales, enviando a casa buenas notas, y reportes de progreso con una orientación positiva. Pero ¿Qué ocurre cuando hay un problema?

 

Algunos profesores tienen la habilidad de informar a los padres de los problemas de un modo no amenazante no culpabilizante. Pero ¿Qué ocurre cuando el profesor de tu hijo ve su propio éxito atado al comportamiento y actuación del niño? ¿Qué ocurre si te ve como un aliado en su esfuerzo por atrapar al chico cuando el chico se despista? ¿Cómo puedes sentar límites en vuestra relación de adultos que figuran tan prominentemente en la vida escolar de tu hijo?

 

Hay una línea muy fina entre el establecimiento de limites y aparentar indiferencia. Mi pensamiento “todo blanco/todo negro” me condujo a asumir arrogantemente que Miss Warwick simplemente no se preocupaba. Por supuesto que ella se preocupaba. Ella también quería saber como y que estaba Billy haciendo en la escuela.

 

Pero involucrarse no quiere decir mezclarse, y desde esta madre aprendí que es práctico, posible y saludable que los padres estén involucrados, pero mantenerse al margen. De hecho la idea de “separación” es la herramienta individual más importante en el manejo de los conflictos entre su hijo y el colegio.

 

Muchos de nosotros luchábamos mientras descubrimos donde terminamos nosotros y donde empiezan las demás personas de nuestras vidas. Verse a si mismo como algo separado es un desafío para cualquiera, y especialmente para los padres. De hecho la habilidad para separarte y permitir a tu hijo estar separado, es la que te permite apoyar a tu hijo, permite que aprenda responsabilidad y resolución de problemas, y aceparle de modo incondicional, sin mirar lo que sucede en la escuela.

 

Un buen sentido de “tu propia separación” te permitirá también sobrellevar la serie de cosas que pasan cuando hay una llamada de la escuela. Para los padres “mezclados”, la imagen de buen padre, se colapsa cuando hay una llamada por un problema: el fallo del niño se convierte en el fallo del padre. Con el contacto, sobrevienen sentimientos de vergüenza, frustración, que desencadenan una fuerte reacción, frecuentemente en la esperanza de restaurar la imagen de control parental y competencia.

 

Recuerde: puede seguir siendo un gran padre aunque su hijo tenga un problema. Usted puede ser un gran padre incluso cuando la escuela le dice que su hijo tiene un problema. De hecho, puede usted ser un gran padre incluso aunque no reaccione del modo que usted cree que la escuela espera que usted lo haga. Usted puede determinar su papel en los conflictos que aparecen entre su hijo y los profesores. Esto conlleva establecer límites claros y consistentes con la escuela. Los buenos límites le permiten adoptar el papel de un oyente, observador e incluso mediador, sin tener que defender a su hijo o castigarle, sin tener que hacer nada equivocado y sin terminar en el medio de algo que en realidad, pertenece a otra persona.

 

Aquí hay un ejemplo: digamos que la escuela le llama para decirle que su hija hizo pellas. Usted no la vio y la única evidencia de ese comportamiento es la llamada de la escuela ¿Cuál es su papel en esta situación?

 

Digamos que usted se enfrenta a su hija y esta admite haber hecho pellas. ¿Es su trabajo castigarla por esta infracción? ¿No habría sido ese trabajo del colegio? En realidad esto no es algo entre usted y su hija, es entre ella y la escuela. (Y, muchacho, conlleva un buen sentido de la separación evitar caer en el medio de esto)

 

En sus tratos con la escuela, puede usted pedirles que le clarifiquen cuales son las consecuencias de hacer pellas. Si la consecuencia es una llamada a casa, ellos han hecho su trabajo llamándola, y usted habrá hecho su trabajo escuchando. Si la llamada se hace ante la expectativa de que usted haga algo con el problema, no necesita usted asumir la responsabilidad o hacer nada que dañe al niño.

 

De hecho, salvo que usted haya sentado sus propias consecuencias para ese comportamiento (hacer pellas)  atrás en el tiempo, no tiene usted que hacer nada en absoluto.

 

Excepto tal vez, dejarlo estar. Amar y aceptar a su hijo, incluso cuando usted no ama ni acepta su comportamiento de hacer pellas. (Tal vez sea el momento de establecer sus propias consecuencias para futuras infracciones). Y si la escuela tiene establecida alguna otra consecuencia, deje que estas tengan lugar, incluso aunque tenga usted que ver a su hijo sentado “detenido”, perder puntos en la asignatura, o perderse los juegos de ese sábado. (La justicia de la consecuencia, a no ser que sea manifiestamente abusiva, no es el problema, el hecho de que haya una consecuencia si)

 

También puede usted ayudar a su hija preguntándole si está dispuesta a arriesgarse a pasar por las consecuencias (las del colegio o las suyas propias) repitiendo el comportamiento. Si dice que si, entonces habrá poco que usted pueda hacer, salvo desarrollar otros motivadores para que no deje de ir a clase que sean mas significativos que los que ya existen. Si no, usted puede pedirle que le exponga un plan de cómo actuará la próxima vez que tenga tentaciones de faltar a clase, o que decida que es lo que espera de la escuela y le explique como tiene mas probabilidades de obtenerlo.

 

Si su hija jura y perjura que nunca jamás ha faltado al colegio en su vida, usted aun puede evitar encontrarse en medio y teniendo que elegir entre la versión del colegio o la de su hija, centrándose en la cuestión cierta: has sido acusada de faltar a clase ¿Cómo puedes probar que si estabas allí? Y dejar que el niño resuelva el problema o arrostre las consecuencias.

 

Independientemente del tipo de problema, cuando alguien desde la escuela llama, usted siempre puede responder pidiendo información adicional ¿Cuáles son las normas en esta situación? ¿Cuales son las consecuencias para lo que está haciendo? ¿Ha sido informado mi hijo de las normas y las consecuencias previamente? ¿Cuales son sus opciones ahora?

 

Puede dejar el problema en el tejado de su hijo y ayudarle guiándole a través de la solución preguntándole similares preguntas, y también pidiéndole un plan para “la próxima vez”. Si su respuesta “estándar” es “no lo se”, puede usted preguntarle si tiene idea de lo que puede hacer para averiguarlo. O puede usted ponerse a su disposición para hablar mas adelante cuando el decida. Recuerde: los niños aprenden más de experimentar las consecuencias que de avisos, charlas y anuncios.

 

Si de la escuela le llaman porque su hijo no está haciendo algo, puede usted sugerir motivadores que a usted le funcionan o aquellos que usted cree que pueden ser significativos para el niño. Si la escuela le llama para pedir ideas, verán que usted está dispuesta a responder y echar una mano. Si llaman para que sea usted quien motive al niño, su respuesta sentará un límite y gentilmente situará la responsabilidad de nuevo en el tejado de la escuela.

 

Usted puede apoyar los limites, motivadores y consecuencias que la escuela provee poniendo los suyos propios para el comportamiento del niño. Incluso si la escuela no tiene previstas unas consecuencias para algún comportamiento relacionado con ella que sea importante para usted, puede usted ofrecer especiales privilegios en relación a completar las tareas, mantener cierto nivel en la clase, o traer comentarios positivos del colegio sobre sus progresos o conductas, por ejemplo.

 

Por supuesto para apoyar las metas de la escuela ayuda saber cuales son. En algunos casos la escuela o algunos profesores pueden contactar  con usted mediante un newsletter o nota acerca de sus límites, reglas, recompensa y eso. Si tiene usted alguna pregunta al respecto, hágala.

 

Pregunte también a su hijo. Preguntas sobre las normas de algún profesor en concreto, sus preferencias, y manías, son grandes conversaciones para la cena y pueden ayudarla a guiarle incluso siendo niños muy pequeños en cuestiones relacionadas con eso, del tipo de ¿Qué tienes que hacer para tener éxito en esta clase? ¿Cuando crees tu que necesitas un extra de autocontrol? ¿En que tipo de cosas te dan alternativas a elegir? ¿Que esperas obtener de esta clase? ¿Que estas dispuesto a dar a cambio?

 

Siempre será fácil tener expectativas, acerca de cómo la escuela o su hijo debería actuar. Pero rara vez la realidad refleja los “deberían”, el pensamiento lleno de deseos o los inexpresados limites o expectativas. Y los conflictos que de modo inevitable se producen entre sus hijos y sus profesores, ciertamente le harán sentir tentado a juzgar, advertir, resolver, defender, restringir o incluso denegar. Mantenga en su mente que esos comportamientos pueden en última instancia interferir con la finalidad de enseñar a su hijo a cuidar de si mismo, a ser independiente y a saber resolver sus problemas.

 

Quédese con esto mientras lo deja ir. Además si  usted es capaz de ayudar y guiar a su hijo sin rescatarle o resolver sus problemas por el más capaz será de manejar las responsabilidades de la vida, donde no hay otro adulto cerca para apoyarles y guiarles.

 

ALGUNAS IDEAS PARA MANEJAR LOS CONFLICTOS CON LOS PROFESORES:

 

1.-. Construya su relación con los educadores de sus hijos durante un tiempo de no-conflicto. No espere a que surja un problema. Si es posible, visite la escuela pronto en el curso, para conocer a los profesores y equipo de dirección.

2-.En sus contactos iniciales, pregunte acerca de sus metas y expectativas, reglas y limites. Averigüe con cuanta frecuencia y bajo que circunstancias es esperable tener noticias suyas.

3-. Asegúrese de que el colegio tiene información acerca de su horario y disponibilidad. Si no es correcto llamarle a usted al trabajo excepto para emergencias, o prefiere algún momento en particular para hablar por teléfono, hágaselo saber.

4-. Enfoques en lo positivo. Cuando usted esté conmovido envíe al colegio notas buenas agradeciendo el tiempo que alguien le ha dedicado a su hijo, o la excitación que ha producido en el niño, o su paciencia o su planificación. Los profesores y directores reciben los pequeños preciosos reconocimientos con agrado. Hacerles saber que usted aprecia algo bueno que han hecho, durará mucho tiempo.

5-. Evite hablar por su hijo, incluso si es muy joven. Contribuya con sus observaciones, necesidades o experiencias personales, y anime a su hijo a expresar las suyas propias.

6-. Evite defender, o excusar a su hijo, así mismo como la enorme tentación de rescatarle de las consecuencias de sus malas decisiones.

7-. Evite también ponerse automáticamente del lado del profesor. Intente por todos los medios no quedarse en la mitad.

8-. ESCUCHE

9-. Sepa que su hijo continuará teniendo que encontrarse y entenderse con muchos diferentes individuos a lo largo de su vida. Usted puede ayudarle a desarrollar la flexibilidad necesaria para tener éxito en una variedad de relaciones, preguntándole cosas como ¿Qué espera este profesor en particular de los estudiantes? O ¿Qué crees que necesitas para cuidar de ti mismo en esas clases? Si un profesor llama para discutir un problema, haga preguntas específicas: ¿Qué es lo que está haciendo? ¿Cuando comenzó? ¿Con cuanta frecuencia sucede? ¿Cuales son las consecuencias establecidas para este tipo de comportamiento? Y si es necesario, pídale al profesor que se abstenga de emitir juicios sobre la valía de su hijo y adhiérase a lo específico de su comportamiento.

10-. Cuando un profesor le llama para decirle que hay un problema, podría preguntarle ¿Qué es lo que espera usted de mí? Esté preparado para hacerle saber lo que no está dispuesto a hacer en una situación dada. No es poco razonable esperar que la escuela tenga sus propias consecuencias para las reglas que ellos establecen. Y es adecuado rehusar castigar a un niño por una infracción que usted no ha presenciado o incluso rehusar hablar con el niño con la intención de hacerle cambiar, incluso aunque usted se muestre comprensiva con las dos partes en conflicto.

11-. No se ponga a la defensiva, o, si es posible, en la necesidad de probar su competencia como padre. Del mismo modo evite que lo que le digan en la escuela le haga sentir vergüenza y le hagan dañar al niño. Si un profesor se enfada con usted y se pone “violento”, es apropiado, como en cualquier otra relación, romper el contacto hasta que prevalezcan las cabezas frías. Hágale saber al profesor en cuestión cuando y bajo que condiciones retomará usted esa conversación. Si es necesario solicite un intermediario o apórtelo usted.

12-. Esté atento porque el mal comportamiento crónico puede indicar problemas ocultos tanto en casa como en la escuela. Considere pedir consejo o un test cuando sea necesario, pero mantenga el foco en la solución, no en la culpa.

13-.Mantenga pistas de contactos con la escuela positivos y negativos. En las reuniones con los profesores y administradores, puede ser una buena idea llevar notas para mantener estas pistas de lo que ha sido previamente discutido y planificado. Esta información puede ser relativamente útil para seguir el proceso del progreso en futuras reuniones.

14-. Solicite información del colegio, y sea razonable en sus peticiones. Los profesores tienen más que suficiente trabajo y entre 20 y 200 estudiantes con los que convivir. Mientras que la mayoría estarán felices de informarle del progreso de su hijo, por favor, no presione al profesor para  nada que lleve más de 5 segundos. Evite aproximarse a un profesor de forma reactiva (“violenta”). Mantenga el foco en como puede usted obtener lo que quiere, ataque el problema, no la persona.

15-. Respete los límites del profesor, no pidiéndole que castigue o retire privilegios de su hijo por hechos que sucedieron en casa. Del mismo modo que usted rehúsa permitir que los profesores le usen para resolver los problemas que ellos están teniendo con su hijo. Evite involucrar a la escuela  cuando sus hijos descuidan sus faenas, mojan la cama o rompen algo. (Aunque esto pueda sonar ridículo a algunos padres, estos son ejemplos reales aportados por profesores).

16-. Maneje los problemas que su hijo trae a casa de la misma manera: escuche, valide, aprecie sus sentimientos. Ayúdele a explorar las opciones, pregúntele que ha planeado hacer para resolver el problema.

17-. Sobre todo, es importante que su hijo se sepa absoluta e incondicionalmente amado, sin importar lo que suceda en el colegio (o en casa).

La importancia de saber elegir

El efecto Mariposa en la educación.

Por Guiomar

En los años setenta, un meteorólogo quiso desarrollar un modelo para predecir el clima. Hizo muchas ecuaciones y empezó a trabajar con ellas. Como sus ecuaciones originales eran complicadas de calcular, redujo los seis decimales iniciales con que operaba a tres, para que las computadoras de la época fueran capaces de trabajar. Esperaba que el error de hacer este pequeño ajuste fuera muy pequeño pero a la hora de ver los resultados comprobó que no se parecían en nada a los originales. La pequeñísima diferencia inicial de quitar tres decimales se convirtió a la hora de la verdad en una gran diferencia. Nació así la Teoría del Caos.
Y ahora me vais a preguntar ¿y qué tiene que ver el Caos con la escuela donde va a estudiar mi hijo? Al fenómeno que describo arriba se le denominó El Efecto Mariposa haciéndose eco de un viejo proverbio chino que aseguraba que: “El aleteo de una mariposa en una parte del mundo es capaz de provocar un tsunami en la otra punta del mundo”.

La física comprueba así algo que ya sabíamos casi desde siempre: que las revoluciones empiezan desde abajo, que son los pequeños cambios sumados los que ocasionan los grandes cambios. Rosa Park decidió un buen día que ella también estaba cansada y que no iba a ceder su asiento del autobús a un pasajero blanco de Montgomery. Eran los años cincuenta y ese acontecimiento fue el principio del fin de la segregación racial en Estados Unidos. Del mismo modo podemos poner inicio a la Independencia de la India, el fin del Apartheid en Sudáfrica y mil cosas más.

Cuando hablamos de crianza, hablamos de esas pequeñas diferencias que generan grandes cambios porque ¿cómo de grande es la diferencia entre dar teta o biberón, entre dejar llorar a un niño o acunarlo, entre darle un abrazo o un regaño, entre obligarlo a que se termine las espinacas o respetarle el que deje el plato lleno? Y sin embargo, esas minúsculas diferencias son las que van formando poco a poco la personalidad de nuestros hijos. Y seguramente para ellos fue importantísimo en sus vidas un detalle que para nosotras pasó desapercibido, y algo en lo que pusimos todo el esmero del mundo no significó nada. Cuando yo era niña de vez en cuando mi padre me llevaba a tomar café. Entonces me soltaba el periódico deportivo mientras el leía las noticias del otro periódico. Siempre me molestó que hiciera eso y cuando hace poco tiempo se lo recordé no sabía de qué estaba hablando.

Pero sigo sin hablar de la escuela, ¿verdad? Dice John Briggs que lo imposible es algo que nosotros hacíamos de forma natural cuando éramos niños. Después crecimos dentro de un mundo conceptual más rígido en el que las fronteras eran absolutas y lo imposible quedó encerrado en un compartimento separado de lo práctico. Pero el mundo real fluye y cambia, por más que el cambio sea “imposible”. Afortunadamente los niños hacen posible lo imposible, es el niño que llevamos dentro y que se revela ante el “no se puede” el que logra los cambios, desde dar pecho a nuestro hijo hasta llegar a la Luna.

Yo creo que la escuela debe ser un lugar donde haya un espacio para soñar, para crear y sobre todo, para divertirse. Si aprender no es divertido, si no es un reto, si no se nos respetan nuestros propios ritmos, entonces deja de ser un juego y pasa a ser un tormento.

Si la escuela le da más importancia a la forma que al fondo tenemos un problema. Si es más importante la caligrafía que los conceptos que describe un niño, si es más importante que los colores sean los “apropiados” a que se exprese la creatividad, si son más importantes los uniformes, los ritos, las festividades y la puntualidad que el compañerismo, la solidaridad y la justicia hay un problema. Si al niño no le dejan entrar por llegar cinco minutos tarde o por no llevar el suéter del uniforme (cuando el responsable de que el niño sea puntual es el adulto) no le enseñamos puntualidad, le enseñamos injusticia. Cuando a un niño le regañan por ayudar con la tarea a un compañero, no le enseñamos a esforzarse, le enseñamos a ser individualista y poco solidario.

Por supuesto que aprender a leer, a sumar, a restar, la geografía o la historia de un país es necesario. Pero bien que mal lo van a hacer. Lo que hay que ver es qué le van a enseñar junto con eso, cómo le van a enseñar las capitales del mundo, o cuántas aburridas planas va a tener que hacer con la Q porque no le sale en manuscrita, qué visión de la historia le van a enseñar (o si le van a enseñar a tener la suya propia), si le van a enseñar a pensar aunque no esté de acuerdo con el profesor o a memorizar sin cuestionar. Esas pequeñas diferencias serán el tsunami en la vida de nuestros hijos en el futuro. Según aprendan podrán aplicarlo, podrán vivirlo, con o sin traumas, con o sin ganas de compartir lo sabido. Claro que ellos serán los que elijan cómo van a vivir su vida de adultos, pero lo harán en buena medida a partir de esas pequeñas herramientas que les demos hoy.

Antes yo preguntaba en las escuelas por los programas académicos, por el material que tienen, por las teorías educativas, la experiencia de los maestros… Hoy lo sigo preguntando, pero no es ésa la información que busco recabar. Me interesa cómo es la maestra, cuáles son sus aficiones, si es o no religiosa, si tiene o no visión crítica de lo que ve a su alrededor, si es dogmática o tolerante…

Hace unos meses me preguntaron por qué le daba tanta importancia a la escuela de mis hijos. La respuesta es muy sencilla: hice cuentas. Pasan más horas despiertos en ella que conmigo. Los adultos de los que se rodean, los compañeros que tienen son su mundo sin mí, en el que yo casi no puedo influir salvo, gracias al Caos, por el Efecto Mariposa. Sé que la elección de la escuela es un cambio que puede marcar la diferencia en sus vidas por eso tengo tanto cuidado, no sólo con la escuela, sobre todo con los maestros que son los que van a estar con ellos.

¡hola mundo!

Bienvenidos al mundo de Entrecomadres. Bienvenidos a un espacio en el que queremos dar a conocer nuestras experiencias, nuestros aprendizajes y nuestras dudas, en el campo de la mas importante de nuestras profesiones, que seguramente es tambien la mas dificil de las ciencias inexactas: la maternidad.